El matrimonio animador, a ejemplo del Buen Pastor
La festividad del Buen Pastor tiene un significado especial para toda nuestra iglesia, se celebra la Jornada Mundial por las Vocaciones… Parece increíble que en un mundo tan marcado por el egoísmo, aun haya jóvenes generosos que quieran consagrar su vida a Cristo… Este sentimiento sólo se suscita en la familia. Pero es que no es que nadie se le ocurra escoger este tipo de vida… Lo que sucede es que Dios sigue llamando. Marca además un momento especial para nuestra comunidad: celebramos el Día del Matrimonio Animador. No hay pastor sin rebaño ni debiera haber rebaño sin pastor. Pastor y rebaño caminan juntos y recorren juntos los mismos caminos. El verdadero pastor no es el que guía a su rebaño con control remoto, sino muy cercano a sus ovejas. En la parábola de Jesús hay imágenes sumamente significativas. La relación que Jesús establece entre los pastores y el pueblo de Dios no es una relación simplemente funcional. Ni una relación que puede darse o no. Es una relación vital, íntima. No es solamente guiar desde afuera, cayado en mano, sino que es una relación de vida. Si pastor y rebaño andan los mismos caminos, el pastor tiene una misión mucho más profunda: dar vida. Para que las ovejas vivan. Una de las preocupaciones del pastor es la salud y la vida de las ovejas. De manera que si una se enferma es una preocupación para él. Por eso, el verdadero pastor, no solo debe estar preocupado de aquellos miembros de su comunidad que le siguen, que vienen a la Iglesia, que escuchan la Palabra cada domingo y comulgan. Le tienen que doler y preocupar aquellas que no vienen. Aquellas que no tienen vida. Nuestro gran peligro es darnos por satisfechos con el grupo que nos rodea cada día y están cerca de nosotros. ¿Y con las otras qué pasa? Jesús nos pedirá cuenta de todos aquellos que ha puesto bajo nuestro cuidado pastoral. De las sanas y las enfermas. De los gordas y las flacas. De las cojas y de las que andan bien. De las que tienen vida y de las que no la tienen. Esto es un reto, un desafío y una responsabilidad que Dios ha puesto en nuestras manos y de lo que tendremos que responder. Dar la vida por las ovejas. No nos pide que las ovejas nos regalen su lana. Nos pide que seamos nosotros quienes estemos dispuestos no solo a dar vida a las ovejas, sino dar nuestra vida por ellas. Y, con frecuencia, no es el dar la vida de una manera espectacular. Ser verdadero pastor es hacer lo mismo que Él hizo: dar su vida para que todo el que cree en El tenga vida eterna. Es mucho más que dar palabras bonitas. Es darse a sí mismo. Es morir cada día a sí mismo para que nuestras ovejas “tengan vida en El”. Esto exige una toma de conciencia, tanto por parte del pastor como del rebaño. Las preocupaciones deben ser mutuas. Si el pastor tiene que estar preocupado por sus ovejas, también éstas debieran estar preocupadas por su pastor. ¿Ya ora el rebaño por su pastor? ¿Y a nivel de iglesia, se preocupan los fieles de la fidelidad del pastor a su vocación? ¿De qué manera ayudamos a que ésta fidelidad se sostenga? Dios bendiga el servicio que cada pastor brinda a su iglesia, y María Santísima tienda su manto protector sobre su rebaño- Bendiciones. |
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